ARTÍCULO SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS EN "EL MUNDO"

El pasado lunes, EL MUNDO publicó en su edición impresa un artículo sobre el Valle de los Caídos. Me pidieron que incluyese algunas anécdotas y una pequeña reflexión sobre su destino futuro. No he llegado a verlo en página, pero bueno, como tengo el texto que les envié, te lo dejo aquí por si tú tampoco pudiste leerlo:

Para agradecer los favores del régimen, Samuel Bronston produjo Valle de la paz, un documental de propaganda en el que un joven monje mostraba las instalaciones de un recinto que causó a Franco veinte años de preocupaciones. Su obsesión por erigir un monumento grandioso -tanto o más que el Monasterio de El Escorial– fue tal, que visitaba en secreto las obras. Una vez, estuvo a punto de perecer, cuando entró en el túnel de la futura cripta antes de que estallara un barreno.

Durante una misa-funeral por José Antonio, el falangista Román Alonso le llamó “traidor” en el momento solemne de la consagración. Le cayeron doce años. En 1962, un comando del grupo libertario Defensa Interior colocó un artefacto explosivo. El GRAPO también quiso llamar la atención, atentando en 1999 contra el Valle. El último apunte de entrada de restos humanos es del 3 de junio de 1983, con Felipe González ya en Moncloa. Hay 33.846 entradas en el libro de registro. Como enterrado en el columbario 1.718 figura Eugenio de Azcárraga… que aún vive. Le dieron por muerto en guerra, pero la burocracia no enmendó el error una vez se comprobó que sus presuntos restos, sepultados en Teruel, no eran los suyos. El equipo de baloncesto del TSKA de Moscú visitó el monumento antes de la final de la Copa de Europa de 1965, que perdieron frente al Real Madrid. Augusto Pinochet quiso construir su Valle después de asistir al entierro de Franco. La estética del monumento inspiró una serie de cuadros pintados por los Costus, pareja creativa de referencia durante la “movida”. Muchas personas disfrutan aún hoy del paisaje y la meditación recorriendo los casi cinco kilómetros de Vía Crucis que termina en la basílica.

En la secuencia inicial de la película Jaguar lives, el protagonista -un agente secreto que lucha contra el Mal- no puede evitar la explosión de la cruz del monumento, bautizado como Grand Valley. Es sólo un efecto visual añadido en sala. Un truco de cine impensable si pensamos en su destino futuro.

Una idea: reaprovechar las instalaciones -anticuadas e infrautilizadas- para instalar un museo que relate su historia. Como otros espacios de la memoria. Hay documentación suficiente, pero cada vez quedan menos testigos.

Si estás interesad@ en el monumento de la dictadura, tienes su historia en mi libro “El Valle de los Caídos. Una memoria de España”.

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Acerca de Fernando Olmeda
Journalist and writer

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