ESPAÑA, EN SEMIFINALES: LA SUERTE DEL CAMPEÓN

La suerte del campeón. Eso ha tenido hoy España en su partido de cuartos de final del Mundial frente a Paraguay. Un tiro al poste, que no sale fuera sino que regresa al campo de juego, y no va a las manos del portero paraguayo ni a un defensa, sino a David Villa, que dispara, el balón da en el poste, luego en el otro, y al final cruza suavemente la línea de gol. Una carambola sobre la que matemáticos aficionados al fútbol estarán haciendo cábalas: ¿cuántas probabilidades hay de que pase lo que ha pasado?

Cuando un equipo está sobrepasado por las circunstancias, por tener un rival incómodo y correoso como Paraguay -que se ha batido el cobre y ha dado la cara con dignidad hasta el último aliento-, sólo las acciones individuales pueden rescatar al grupo de los malos augurios, del fatal destino que nos ha acompañado durante sesenta años. Llegar a las semifinales de un Mundial es algo demasiado deslumbrante, demasiado paralizante, en ocasiones. A España le ha pasado algo así. Con una dirección técnica paralizada frente a las evidentes carencias de algunos futbolistas sobre el césped, el gol de carambola de Villa y la aparición de Casillas -en el penalty y en la doble parada a bocajarro a pocos minutos del final- han salvado al equipo de Del Bosque del infarto de la prórroga.

Otro partido épico, con esos detalles no menores que pasarán a la historia: el penalty lanzado por Cardozo -¡cómo lloraba al final!- y detenido por Casillas, el penalty convertido por Alonso, repetido y posteriormente marrado, el penalty más que claro a Cesc en el rechace… En fin, todos los ingredientes para un partido inolvidable.

España tiene aroma de equipo campeón. Ya lo es, de Europa. Es un grupo humano que suele jugar bien a futbol (antes de llegar a Sudáfrica) y que ha sabido sufrir (en Sudáfrica). Además, tiene la suerte de cara. Ahora se medirá a Alemania, a esa selección a la que derrotó, hace dos años, y que aguarda desde entonces el momento de saldar cuentas. Ese momento ha llegado.

Aunque muchos aficionados se abonan al “Virgencita, que me quede como estoy”, otros muchos desean que el técnico español reflexione sobre la introducción de cambios: tiene un banquillo amplio, que permite muchas variantes de juego (para eso los ha traído) y sobre todo están frescos, contrariamente a algunos futbolistas hoy titulares. Posiblemente sean necesarios para medirse adecuadamente al equipo de Joachim Löw. Sin esperar que vengan en nuestra ayuda los dioses del balompié. Por si la suerte no acompaña.

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Acerca de Fernando Olmeda
Journalist and writer

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