HOLANDA – URUGUAY: MUCHO OFICIO, POCA MÍSTICA

En un abrir y cerrar de ojos, Holanda ha acabado con el sueño de Uruguay: el sueño de reencontrarse con su añeja historia, con los grandes mitos de hace décadas. Pero la oranje sabe que hoy día tan importante como la mitologia es la especulación, la gestión burocrática del minuto a minuto de los partidos, la espera paciente hasta encontrar la oportunidad de finiquitar a su rival (léase con un gol con fuera de juego, léase con un impecable cabezazo de Robben). Más, si se trata de la semifinal de un Mundial.

Sin Suárez, sin Fucile, y sobre todo sin el alma del equipo, Diego Lugano, Uruguay ha sido un equipo desangelado, privado del aura de finalista, de la mística que destilan otros equipos (léase España, léase Alemania, un equipo mestizo que se aleja de la Deutschland previsible de la Euro’08). Lástima que no acudieran a la llamada heroica desde el 3-1. La reacción, demasiado tarde.

Sólo en esos últimos cinco minutos me ha latido el corazón más deprisa de lo normal. Aún pensaba que podían empatar. Habría dado grandeza al partido. Paradójicamente, en la retransmisión de Cuatro, sin embargo, Manu Carreño consideraba imposible que Uruguay empatase. Al final, como siempre pasa, reculaba y matiaba su pronóstico. Lo único malo es que en Cuatro-Canal Plus proseguirá el debate interno sobre cómo llamar a Dirk Kuyt. En la primera fase, y de toda la vida de Dios, se ha pronuncido “Cuit”. En el partido de cuartos, Carlos Martínez dijo “Caut” (probablemente suena así en neerlandés, pero no creo que se haga un esfuerzo semejante en el resto de apellidos de jugadores holandeses); Julio Maldonado, perplejo, decia “Cait” (ni pa ti ni pa mí). Hoy, Carreño decía “Cuit”, Maldonado también, y Hugo Sánchez , doblemente perplejo, ha llegado a decir: “Cuit” o “Cait”, como quiera que se pronuncie…

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Acerca de Fernando Olmeda
Journalist and writer

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